Me quiero cambiar de banco: cuándo compensa y cuándo no
Hay una cuenta que decide esto y que casi nadie hace: en cuántos meses recuperas lo que cuesta el cambio. Si sale más largo de lo que piensas quedarte, no te muevas.
Miras el recibo, ves el diferencial que firmaste hace ocho años y piensas que te están tomando el pelo. Probablemente tengas razón.
Y aun así, cambiarse no siempre sale a cuenta. Hay una cuenta pequeña que lo decide y que casi nadie hace antes de empezar a pedir ofertas.
Vamos con ella, porque te va a ahorrar tiempo tanto si la respuesta es que sí como si es que no.
La cuenta que decide
Se llama punto de equilibrio y responde a una sola pregunta: en cuántos meses recuperas lo que te cuesta moverte.
Se hace en tres pasos:
- Calcula cuánto bajaría tu cuota al mes con las condiciones nuevas.
- Suma todo lo que te cuesta el cambio: la tasación, y la comisión que tengas pactada si te aplica.
- Divide lo segundo entre lo primero. Ese número son los meses que tardas en recuperarlo.
Un ejemplo. Si bajas la cuota 60 euros y el cambio te cuesta 500, lo recuperas en algo más de ocho meses. Si te quedan veinte años de hipoteca, eso es una operación excelente.
Pero si bajas la cuota 15 euros y el cambio te cuesta 600, tardas cuarenta meses. Y si piensas vender esa casa dentro de dos años, acabas de perder dinero por mejorar tus condiciones.
Antes de irte, llama a tu banco
Es el consejo que menos me conviene dar y el que más veces resuelve el asunto en una tarde.
Modificar las condiciones sin salir de tu entidad tiene menos trámite y menos coste que mudarse. Si acepta, te ahorras la operación entera. Y muchas veces acepta, porque perder un cliente hipotecario le sale más caro que rebajarte unas décimas.
Pídelo por escrito y guarda la respuesta. Cómo se plantea esa petición y qué se puede pedir con posibilidades reales lo tienes en la página de novación de hipoteca.
Ahora bien, hay un detalle: tu banco no se va a mover solo porque se lo pidas amablemente. Necesita ver que puedes irte.
Sin oferta de fuera no hay negociación
Esta es la parte que la gente se salta y por la que después dice que su banco no quiso mejorar nada.
Una petición sin alternativa es una carta de buenas intenciones. Una petición con una oferta real de otra entidad encima de la mesa es otra conversación completamente distinta, y el interlocutor lo sabe.
Así que el orden que funciona es este: primero se consigue qué te daría otro, y con eso en la mano se le da a tu entidad la oportunidad de igualarlo. Ganes por un lado o por el otro, ganas tú.
Y si al final hay que moverse, el mecanismo de llevarse el préstamo a otra entidad está explicado en la página de subrogación de hipoteca, con los topes que marca la ley para lo que te pueden cobrar.
Lo primero es leer tu escritura
Antes de pedir nada a nadie, saca la escritura del préstamo y busca tres cosas.
- Qué comisiones tienes pactadas. Especialmente las de amortización anticipada y las de cambiar de tipo o de entidad. Ahí está buena parte del coste de moverte.
- Qué productos estás obligado a mantener. Y cuáles solo te mejoran las condiciones sin ser obligatorios. No es lo mismo.
- Cuánto capital te queda y cuántos años. Son los dos números que deciden si el ahorro es grande o testimonial.
Con eso ya se puede calcular si hay recorrido, y se puede hacer en media hora sin llamar a ningún banco.
Cuándo casi nunca compensa
Te lo digo por delante para que no pierdas semanas:
- Te quedan pocos años. Al final de una hipoteca casi toda la cuota es capital y muy poco interés, así que bajar el tipo apenas cambia nada. El ahorro es pequeño y los gastos fijos se lo comen.
- Queda poco capital pendiente. Un porcentaje mejor sobre una cifra pequeña es una cifra pequeña.
- Piensas vender pronto. Si tu horizonte en esa casa es más corto que el punto de equilibrio, moverte es pagar por un beneficio que no vas a llegar a disfrutar.
- Tu situación laboral ha empeorado. Cambiar de entidad implica que te vuelvan a analizar. Si hoy estás peor que cuando firmaste, puede salirte una oferta peor que la que tienes.
Ese último punto sorprende a mucha gente, y es de los más importantes. La hipoteca que tienes se firmó con tu situación de entonces, no con la de ahora.
El error de comparar solo la cuota
Una oferta con la cuota más baja puede ser la peor de todas.
Porque la cuota depende del plazo, y alargar años la baja mientras dispara lo que acabas pagando al final. Si te ofrecen la misma hipoteca a cinco años más, la cuota baja sola: eso no es una mejora, es un aplazamiento con intereses.
Lo que se compara es la TAE, que mete dentro las comisiones y el coste de lo que te obligan a contratar. Y además hay que sumar en euros al año lo que valen esos productos, porque un diferencial estupendo con tres seguros detrás sale más caro que uno normal sin nada.
Y mira siempre el plazo. Si en la oferta nueva has ganado años, no estás comparando lo mismo.
Qué pasa con lo que ya tienes contratado
Es la duda práctica más frecuente y conviene resolverla antes de firmar nada.
Los seguros vinculados a tu hipoteca actual no desaparecen solos cuando te cambias de entidad. Hay que ver qué se puede cancelar, qué tiene penalización y qué te toca mantener hasta el vencimiento de la póliza.
Si tienes un plan de pensiones o una cuenta de ahorro asociada, mira también las condiciones de traspaso. Nada de esto suele ser un problema grave, pero son cifras que hay que meter en la cuenta del principio y que casi siempre aparecen tarde.
Cuánto se tarda
Renegociar con tu propia entidad se mueve en unas pocas semanas si hay voluntad. Llevarse el préstamo a otra entidad lleva algo más, contando tasación y notaría.
Lo que más se alarga en la práctica no es el análisis del banco nuevo: es el certificado de saldo pendiente que tiene que emitir el tuyo. A veces se hace de rogar, y conviene pedirlo pronto y por escrito.
Y si lo que quieres es otra cosa
No todo el mundo que se plantea moverse quiere lo mismo, y conviene tenerlo claro porque el camino cambia.
- Bajar la cuota porque el mes va justo. Ahí lo que se toca casi siempre es el plazo, y eso se puede pedir sin cambiar de entidad. Sale más barato y más rápido.
- Dejar de depender del índice. Pasar de variable a fijo tiene un tratamiento propio y unos topes de comisión mucho más bajos que un cambio normal. Es de las operaciones que más compensan y menos se piden.
- Quitarte productos que no usas. A veces se consigue sin tocar nada más, simplemente pidiéndolo con una alternativa preparada.
- Sacar dinero para una reforma. Eso ya no es cambiarse: es ampliar el capital, y se analiza de nuevo tu solvencia y el valor actual de la vivienda.
Mándame tu escritura y un recibo
Con esos dos documentos hago la cuenta completa: cuánto bajarías, qué te cuesta el cambio, en cuántos meses lo recuperas y si merece la pena intentarlo primero en tu propia entidad.
Si el número no sale, te lo digo igual y no te habrá costado nada averiguarlo. Y si sale, me encargo de conseguir las ofertas y de ponérselas delante a tu banco.
Pide el cálculo antes de empezar a pedir ofertas por tu cuenta.
P. D. No pidas cinco ofertas a cinco bancos a la vez pensando que así negocias mejor. Cada consulta deja rastro, y un rastro de muchas consultas seguidas se lee como que estás desesperado. Menos puertas y mejor elegidas.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si me compensa cambiar la hipoteca de banco?
Con el punto de equilibrio. Calcula cuánto bajaría tu cuota al mes, suma lo que te cuesta el cambio contando tasación y la comisión que tengas pactada, y divide lo segundo entre lo primero. Ese número son los meses que tardas en recuperarlo. Si es más largo de lo que piensas quedarte en esa casa, no compensa.
¿Es mejor renegociar con mi banco o irme a otro?
Lo sensato es intentar primero lo primero, porque tiene menos trámite y menos coste. Pero tu entidad no se moverá si no ve que puedes irte, así que la secuencia que funciona es conseguir una oferta real de fuera y con ella en la mano darle la oportunidad de igualarla.
¿Cuándo no merece la pena cambiarse?
Cuando te quedan pocos años, cuando queda poco capital pendiente, cuando piensas vender pronto o cuando tu situación laboral ha empeorado desde que firmaste. En ese último caso el banco nuevo te vuelve a analizar y puede ofrecerte algo peor de lo que ya tienes.
¿Por qué no vale comparar solo la cuota?
Porque la cuota depende del plazo. Si te ofrecen la misma hipoteca con cinco años más, la cuota baja sola y acabas pagando mucho más. Se compara por TAE, y además hay que sumar en euros al año lo que cuestan los productos que te obligan a contratar.
¿Qué pasa con los seguros que tengo con mi banco actual?
No desaparecen solos al cambiarte. Hay que ver cuáles se pueden cancelar, cuáles tienen penalización y cuáles hay que mantener hasta que venza la póliza. No suele ser un problema grave, pero son cifras que deben entrar en el cálculo desde el principio.
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