Tienes tarjetas revolving o microcréditos
Es el caso claro. Ese tipo de crédito puede llevar años sin que el saldo baje casi nada. Cambiarlo por deuda al tipo de una hipoteca sí mejora la situación de verdad, aunque el plazo se alargue.
Juntar todo en una cuota más baja alivia el mes. También alarga la deuda y, casi siempre, pone tu vivienda como garantía de lo que antes no la tenía.
Soy Ángel López, intermediario de crédito inmobiliario. Esta es la operación que menos firmo y la que más veces desaconsejo. Aquí te explico por qué, y en qué casos sí tiene sentido.
Es importante empezar por aquí, porque la publicidad de este producto sugiere otra cosa. Reunificar es pedir un préstamo nuevo para cancelar los que tienes, con más plazo y normalmente con tu casa detrás.
La cuota mensual baja de verdad. Ese es el efecto real y es el motivo por el que la gente llama. No es un truco: al repartir la misma deuda en muchos más años, cada mes se paga menos.
El total que acabas pagando sube, y suele subir mucho. Más años de intereses sobre un saldo que baja más despacio. La cifra que hay que comparar no es la cuota: es cuánto habrás pagado al final.
Cambia la naturaleza de la deuda. Una tarjeta o un préstamo del coche no tienen tu vivienda como garantía. Si se agrupan en una hipoteca, a partir de ahí sí la tienen.
Cuando el nuevo préstamo se garantiza con tu vivienda, entra en la ley de crédito inmobiliario: FEIN, diez días para leerla y acta ante notario antes de firmar. Eso es una protección tuya y conviene usarla entera.
Son concretas y tienen algo en común: la deuda que se cancela es cara, el problema es de estructura y no de ingresos, y después de reunificar no se vuelve a pedir.
Es el caso claro. Ese tipo de crédito puede llevar años sin que el saldo baje casi nada. Cambiarlo por deuda al tipo de una hipoteca sí mejora la situación de verdad, aunque el plazo se alargue.
Cuatro o cinco recibos que se solapan a principio de mes y ninguna holgura para un imprevisto. Si el sueldo está y lo que falla es el reparto, ordenarlo tiene sentido.
Aquí está la clave que casi nadie explica. Si reunificas a treinta años pero devuelves de verdad en ocho, te quedas con la cuota baja sin pagar treinta años de intereses. Requiere disciplina y requiere que no haya comisión que lo penalice.
A veces basta con alargar el plazo de la hipoteca que ya tienes mediante una novación con tu propia entidad. Sale más barato, no hay compraventa de garantías y el resultado en la cuota se parece bastante. Se mira siempre antes.
Te lo digo con todas las letras porque es la parte que la publicidad se salta y porque el que sale mal parado eres tú, no quien te lo vendió.
Es el final más habitual: se reunifica, la cuota baja, aparece hueco y en dos años vuelven a estar las tarjetas llenas. Ahora con la deuda vieja todavía viva y treinta años por delante. Si no hay un cambio de hábito detrás, esto empeora las cosas.
Si alguien te pide dinero por adelantado para «estudiar el caso» o para «desbloquear» una operación que todavía no existe, ahí hay un problema antes de empezar. Un estudio se hace y se cobra cuando la operación se firma, no antes.
Y lo que aparece entonces son prestamistas privados con tipos muy altos y garantía sobre la vivienda. Ese camino es exactamente el que hay que evitar. Si estás ahí, lo primero es hablar con un abogado sobre las vías que existen para la insolvencia, no pedir más crédito.
Un comercial que solo te enseña el recibo mensual te está enseñando la mitad. Pide el coste total, la TAE y el cuadro de amortización, y compáralo con lo que te queda por pagar hoy sumando todo. Con esos dos números delante la decisión se toma sola.
Se paga al principio y hay que meterla en el cálculo, porque cambia el punto a partir del cual la operación compensa.
Algunos préstamos llevan compensación por amortización anticipada, y las hipotecas tienen sus propios límites legales según el tipo. Hay que pedir el saldo exacto de cada deuda y mirar qué se paga por cerrarla antes de tiempo.
Con tasación, notaría, registro y gestoría. En las operaciones sujetas a la normativa de crédito inmobiliario la tasación corre por cuenta del cliente y los aranceles notariales, la gestoría y la inscripción corresponden al prestamista.
Si había una y se sustituye, hay que levantarla del registro. Es un trámite con coste que se olvida en casi todos los cálculos caseros.
Seguros y productos asociados que bajan el tipo a cambio de una prima anual. Entran en la TAE, así que ahí es donde hay que mirarlos y no en el folleto.
El estudio solo vale si está todo. Una tarjeta escondida cambia el resultado y aparece igualmente cuando la entidad consulta tu historial.
Cuánto debes en total, a qué tipo cada cosa y cuánto te queda libre al mes. Muchas veces con esta foto ya se ve que el problema es otro.
Alargar el plazo de tu hipoteca actual, negociar con cada acreedor por separado o un préstamo personal sin garantía. Si alguna de esas te deja mejor, te lo digo y ahí se acaba la conversación.
Lo que pagarías en total sin hacer nada y lo que pagarías reunificando, con los gastos dentro. Sin ese contraste esto no se firma.
A entidades que hacen esta operación de forma reglada. Con FEIN, con los diez días para leerla y con el acta previa ante notario.
Reunificar deudas alarga el plazo y, en la mayoría de los casos, incrementa el importe total que se acaba pagando. Cuando la operación se garantiza con la vivienda, el inmueble responde de toda la deuda agrupada, incluida la que antes no tenía garantía real. Las condiciones dependen de cada entidad y del perfil, y aquí no se garantizan. Esta página no es asesoramiento fiscal ni jurídico. El estudio es gratuito y los honorarios solo se cobran si la operación se firma en notaría.
Depende de qué deuda tengas. Si lo que agrupas son tarjetas de pago aplazado o microcréditos, normalmente sí mejora tu situación. Si lo que agrupas son préstamos que ya estaban a un tipo razonable, lo más frecuente es que acabes pagando bastante más en total a cambio de un alivio mensual.
Bastante, y ese es justo el motivo por el que hay que mirar el otro número. La bajada viene de repartir la deuda en muchos más años. Pide siempre el coste total de la operación y compáralo con lo que te queda por pagar hoy sumando todos los recibos.
Se puede intentar con un préstamo personal, sin garantía hipotecaria. El tipo es más alto y el importe que conceden, menor, pero tu vivienda se queda fuera de la operación. Cuando el importe encaja, suele ser la opción más sensata de las dos.
Las entidades reguladas prácticamente no entran en ese escenario. Lo que suele aparecer entonces son prestamistas privados con tipos muy altos y tu vivienda como garantía, que es el peor camino posible. Si la situación es de insolvencia real, lo que toca es consultar con un abogado las vías que la ley prevé para eso.
Casi siempre. Ampliar el plazo de la hipoteca que ya tienes mediante una novación con tu propia entidad suele salir más barato y tiene un efecto parecido en la cuota. También negociar con cada acreedor por separado. Yo miro esas vías primero, aunque signifique que no haya operación.
Cobro cuando una operación se firma, así que decirte que no reunifiques me cuesta dinero. Aun así es lo que va a pasar la mayoría de las veces, porque prefiero eso a que vuelvas dentro de dos años con el mismo problema y treinta años de hipoteca encima.
Ángel López · intermediario de crédito inmobiliario. Contratar un préstamo hipotecario es una decisión de largo plazo: antes de firmar, revisa la FEIN y compara siempre por TAE.
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