Ciudadanos de la Unión Europea
El caso más cómodo. Los documentos se entienden, la moneda es la misma y las referencias de financiación son las más altas de este grupo. Aun así hace falta NIE y una cuenta abierta en España.
Se puede, se hace todos los días y no hace falta que vivas aquí. Lo que cambia es cuánto financian y cuánto papel piden.
Soy Ángel López, intermediario de crédito inmobiliario. Llevo la operación de principio a fin aunque tú estés fuera, y te digo desde el primer día qué se puede y qué no.
Es la confusión que más tiempo hace perder. Si vives y trabajas en España, aunque tu pasaporte sea de otro país, se te trata como a un residente y te tocan las condiciones normales. No residente es quien tiene su residencia fiscal fuera.
Lo que decide no es tu nacionalidad, es dónde tributas. Un alemán con nómina española y residencia fiscal aquí es residente a todos los efectos; un español que lleva diez años en Londres, no.
Si eres extranjero pero resides aquí, esta página no es la tuya. Te toca la de tu perfil, y las condiciones que te ofrecen son las de cualquier otro.
Como no residente, la financiación se queda claramente por debajo. Las referencias que se manejan en el mercado rondan el 60-70 % del menor entre precio y tasación, con la parte alta para ciudadanos de la Unión Europea.
Eso se traduce en una aportación mucho mayor: entre un tercio y la mitad del precio, más los impuestos y gastos de la compraventa por encima de eso.
La entidad mira tres cosas: de dónde vienen tus ingresos, en qué moneda cobras y qué vas a hacer con la casa.
El caso más cómodo. Los documentos se entienden, la moneda es la misma y las referencias de financiación son las más altas de este grupo. Aun así hace falta NIE y una cuenta abierta en España.
Se estrecha el abanico de entidades y baja el porcentaje. La documentación suele necesitar traducción jurada y, según el país, apostilla. Eso es tiempo, y hay que contarlo desde el minuto uno.
Punto sensible: tus ingresos van en libras o en dólares y el préstamo va en euros, así que la entidad añade margen por el riesgo del cambio. La normativa obliga además a informarte de ese riesgo, y conviene entenderlo de verdad y no de pasada.
El uso más habitual. Se analiza como vivienda no habitual, que ya de por sí rebaja el porcentaje, y encima se suma tu condición de no residente. Los números hay que hacerlos antes de firmar nada con el vendedor.
Cambia el enfoque: se valora el inmueble y tu solvencia, no la renta futura que esperas sacarle. Contar con ese alquiler para pagar la cuota es un error de planteamiento que veo a menudo.
Tienes DNI y probablemente cuenta aquí, pero si tu residencia fiscal está fuera eres no residente a efectos de la operación. Suele sorprender, y mejor saberlo antes de echar cuentas.
Comprar sin vivir aquí trae trámites que un residente no tiene. Ninguno es grave si se sabe con tiempo; todos son un problema si aparecen la semana de la firma.
Sin número de identidad de extranjero no se abre cuenta, no se firma escritura y no se paga un impuesto. Se solicita en consulado o aquí, y no es inmediato. Empieza por ahí antes que por buscar casa.
Para domiciliar la cuota, los suministros y los impuestos locales. Las entidades tienen condiciones distintas para quien no reside aquí, y eso también entra en la negociación.
Se otorga ante notario en tu país y se apostilla, o directamente en un consulado español. Prepararlo lleva semanas, no días, y es de lo que más retrasa estas compras.
Tendrás que declarar por el inmueble aunque no lo alquiles, y existe una retención cuando algún día vendas. Eso lo lleva un asesor fiscal y no yo, pero conviene que sepas desde ahora que está ahí.
Es la parte que más alarga estas operaciones. Cuanto antes lo tengas reunido, antes se cierra.
Con tus ingresos y de dónde vienen te digo qué porcentaje es realista y cuánto tendrías que aportar. Antes de que reserves nada.
Aportación, cuota, impuestos y gastos en un solo número, para que sepas de cuánto dinero tienes que disponer en España y para cuándo.
Mientras se prepara el expediente vamos avanzando lo que no depende del banco, que es justo lo que suele atascar estas compras.
Tasación, FEIN, el acta de transparencia y la notaría. Si no puedes venir, con el poder ya preparado se firma igual y sin que tengas que coger un avión.
Los porcentajes de financiación que aparecen aquí son referencias de mercado y varían mucho según la entidad, el país de origen y el perfil: no son una oferta ni un compromiso. Las obligaciones fiscales de un propietario no residente las lleva un asesor fiscal, no un intermediario de crédito. El estudio es gratuito y los honorarios solo si la operación se firma en notaría.
Casi seguro que no. Si tu residencia fiscal está aquí, aunque tu pasaporte sea de otro país, se te aplican las condiciones de cualquier residente. Lo que manda es dónde tributas, no la nacionalidad que figure en el documento.
Menos que a un residente, eso seguro. Las referencias que se manejan en el mercado rondan el 60-70 % del menor entre precio y tasación, con la parte alta para ciudadanos de la Unión Europea. Son referencias, no una promesa: tu porcentaje depende de la entidad y de tu perfil.
La mayor parte sí, pero necesitas NIE, cuenta abierta aquí y un poder notarial para que alguien firme en tu nombre. Nada de eso se improvisa: cuenta semanas y empieza por el NIE, que es el cuello de botella.
No es un impedimento, pero encarece. El préstamo va en euros y tus ingresos no, así que la entidad añade margen por el riesgo del tipo de cambio. La normativa obliga a informarte de ese riesgo antes de firmar, y merece la pena que lo entiendas bien.
Impuestos de la compraventa, notaría, registro, gestoría y tasación. En segunda mano eso se va por encima del 10 % del precio y cambia según la comunidad autónoma donde compres. Se calcula todo antes, no después.
En estas compras el disgusto llega cuando ya hay una señal entregada y resulta que financian menos de lo que se esperaba. Media hora por videollamada y sales sabiendo de cuánto dinero tienes que disponer aquí.
Ángel López · intermediario de crédito inmobiliario. Contratar un préstamo hipotecario es una decisión de largo plazo: antes de firmar, revisa la FEIN y compara siempre por TAE.
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